Las palabras también se escapan de la ropa
de la misma manera que llevamos la embestida
hasta el goteo de indirectas que da nuestra mirada.

Y nos llevará a prohibir el desayuno
a cambiar el diamante por el zafiro
a cerrar ventanas y que no
se escape ninguna palabra.

Y yo me pregunto

¿Cuántas palabras seremos capaces de sostener
entre tu cuerpo y el mío?

Quizás todo se caiga
o quizás, los dos
acabemos suturando.

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